Mis padres me invitaron
al Museo de Rancagua, yo no quería ir, pero me convencieron por la invitación a la
Fábrica de Helados, en donde me
comprarían uno.
El
comienzo fue muy divertido, porque usamos el microbús y luego caminamos para llegar al museo en calle Estado con Ibieta, estaba la puerta abierta, sin guardias y su entrada permanecía con un brillo fosforescente, me dio hipo que hasta hoy me dura, hip, hip, hip. Me atreví a pasar y me siguieron mis padres, al atravesar
sentimos que nuestros cuerpos traspasaban un molde de gelatina
pegajosa y empecé a experimentar que nos empequeñecíamos al tamaño de mis juguetes más chicos que un lego pequeño,
nos dimos cuenta que los tres nos
habíamos encogido, rápidamente nos
fuimos al pasto sin pensar que habían insectos,
mi papá vio una hormiga, yo
grité ¡ha¡, corrimos rápido, pero nos atrapó llamando más hormigas, nos vieron asustados, asombrosamente fuimos
llevados ante la hormiga Reina, quien
hablaba como nosotros español al igual
que las demás hormigas, nos dijeron
¿qué hacen en el museo en esta época de invierno? ¿Nos vienen a matar o a
exterminar de este hermoso lugar? No ven
que nosotras las hormigas y demás habitantes queremos que nos visiten en
paz. Se me ocurrió decir algo gracioso
para calmar a las hormigas que parecían enojadas y dije:
“Venimos en paz y no en pasas,
para que nos coman”. Todas las
hormigas al escuchar comenzaron reír al
mismo tiempo y nos hicieron sus amigos, a una de ellas le puse BOM, a otra PUN,
y finalmente PIN.
Conversamos con las hormigas
y nos contaron que tenían un trato con las abejas, les pregunté de qué se trataba, respondieron
que ellas avisaban cuando venían
las avispas y las ayudamos a defenderse,
ellas en cambio dan miel para que vivamos. Fue ahí que le pedía a BOM que me llevara a ver la colmena de abejas, y
conocí a una abeja obrera que le llamé VEM, que me mostró el colmenar y salimos a volar
con mis padres por el museo montados en ellas, lo recorrimos todo volando,
vimos maquetas de Iglesias y
casas que se veían gigantes, al igual en
el jardín vi flores, también escarabajos y otros insectos, estábamos terminando el recorrido que nos
llevaría a la puerta cuando BOM, nos
alerto sobre la presencia de avispas
asesinas, pasándome unas ramas pequeñas de pino y con ellas nos defendimos sacando a las
avispas, quienes huyeron
despavoridas y con lo cual nos ganamos
el cariño y respeto de hormigas y abejas,
pudiendo traspasar la puerta de
salida del museo, volviendo a nuestro
tamaño normal. Caminamos hacia la
fábrica de helados, pero eso es otra historia.